"La Francesa"
"Pastora"

"La Francesa"

Pastora Galván, una bailaora encima del escenario y de la vida, con sus cuitas y sus avatares, con su destreza técnica y su compás para el baile, con su género y su sexo remarcados, con su temperamento y su cuerpo dolido de requiebros y quebrantos.

Que la intensidad de la alegría sea directamente proporcional a la crueldad del saber, es, sin duda, una verdad de carácter general. No obstante, me es grato subrayar aquí que esa verdad encuentra en España un campo de expresión privilegiado, especialmente en el cante flamenco... y lo es precisamente porque siempre viene acompañada por el brillo que le da ‘a contrario’ el sentimiento cruel de lo irrisorio propio de toda existencia, lo que la pone al abrigo de toda complacencia o compromiso... Exaltando la alegría de vivir, no olvida que ésta nunca será más que una resistencia milagrosa a la muerte.
Clement Rosset

Se trata de la construcción de la mujer flamenca, la bailaora de rompe y rasga, trasunto de personajes como la Carmen del mismo Prosper Mérimée, la Conchita de La mujer y el pelele de Pierre Louys o la Militona de La maja y el torero de Théophile Gautier. La Francesa es una aproximación psicológica a este estereotipo que sin duda nos constituye, se ha convertido en parte de nuestro carácter y destino. Es una invención literaria, un fantasma y una fantasía pero también un retrato tipológico que nuestras cantaoras y bailaoras se han empeñado en encarnar, una y otra vez, no solo en el escenario, también en sus vidas.

Que su primer dibujo partiera de la cultura francesa no es cuestión baladí. El flamenco en general puede quererse hijo ilegítimo de esa relación, casi erótica, de la cultura francesa con “nuestras cosas”. Como dijo el crítico, se trata de una caricatura que nos hemos tomado en serio. Igual que los bufones de Velázquez, las pinturas negras de Goya o el cubismo de Picasso. Igual que nuestras procesiones de Semana Santa, los toros o el flamenco. Una confusión entre el “grutesco”, el adorno, lo decorativo, y lo “grotesco”, lo crítico, lo corrosivo. Los filósofos emparientan el gag cómico con el conocimiento místico. En todas esas paradojas se abunda en La Francesa.

También describimos un viaje histórico, el de la cultura francesa por la península ibérica, especialmente con el armazón musical. El de los franceses, desde Théophile Gautier a Georges Bataille, desde Paul Morand hasta Michel Houellebecq. Y en ese viaje tienen una función articuladora principal las músicas de la frontera. Las dos tierras de paso, Cataluña –desde Albeniz hasta Pascal Comelade- y Euskadi –desde Iradier hasta Mikel Laboa- articulan una banda sonora en la que las citas musicales francesas –desde Bizet hasta Cathy Claret o José el francés, pasando por Django Reinhart- se presentan sin jerarquías, sin caligrafía historicista, sin reverencia alguna, explotando en el escenario como si se tratara de un campo semántico expandido. No música sino efectos especiales para orquesta, como definió alguien el Bolero de Ravel. Erik Satie, cansado de la “moda de España”, una peste entre los compositores franceses de su época, le dedicó la piececita musical Españaña: “Una especie de vals./ Bajo los granados/ Como en Sevilla/ La bella Carmen y el barbero./ Puerta Maillot./ Este buen Rodríguez./ ¿No es el alcalde?/ Plaza Clichy./ Rue de Madrid. Las cigarreras/ A la disposición de usted”, así rezaban los versos paródicos que acompañaban su partitura. Non je ne regrette rien. Na de na, no me arrepiento de ná. Y las alegrías. No hemos reparado lo suficiente en esas sensuales alegrías que se bailaban en Cádiz mientras las letras hablaban de una ciudad asediada, de la chulería frente a Napoleón y las bombas de los franceses, pasándose la miseria de la guerra por el forro de la bata de cola, pasándose la violencia por entre las piernas. Sobre esa trama, sobre esa urdimbre sonora es que Pastora Galván encarna a La Francesa.

La reconstrucción simbólica de esta nueva mujer, la nueva Eva flamenca, necesitaba de un trabajo radicalmente alejado del adiestramiento teatral. No se trataba de hacer mímicas ni de representar nada. Teatro sin teatro. Más bien de poner en escena un proceso en el que se reflejaba como aquella mujer flamenca que inventaron algunos hombres, franceses para más “inri”, se enfrentaba cuerpo a cuerpo con el reverso tenebroso de su personaje. Había que hacer que Pastora Galván encarnarse lo que ella misma es, para que el público aprendiera distintas formas de deshacerlo. Había que desmontar su baile, la ejecución radical de su baile. No se trata de usurpar una reivindicación feminista. Se trata de que algunos hombres ayudemos a desmontar el monstruo que otros hombres han construido.

No diré que la relación de Pastora Galván con su hermano Israel Galván, coreógrafo de esta función, ha sido una balsa de aceite. El enfrentamiento entre hermanos es una característica más de nuestras familias. Entre los dos hermanos no había lugar para las componendas del teatro moderno. La fusión nuclear de su trabajo a punto ha estado, varias veces, de hacer estallar La Francesa. Una implosión de amor filial. Pero este cainismo ha funcionado aquí como curioso método de distanciamiento, una herramienta teatral más. Es famosa la anécdota en que Francisco Rabal, enfrentándose a su primera escena cinematográfica con Buñuel le pidió consignas, actitudes, claves, consejos. “Maestro, ¿qué hago ahora?, ¿cómo pongo la cara?, ¿en que pienso?”. “En tu tía –le respondió Buñuel sardónico-, piensa en tu tía, que ya se encargaran la cámara y el montaje de poner argumentos y artificios”. Pues del mismo modo, el propio cuerpo sometido a los cambiantes envites de la música y el baile va construyendo una interpretación. No es necesario hacer una psicología del personaje, ni analizar la historia, ni saber de los usos y costumbres de una época. Lo que había que encarnar ya existe como Pastora Galván, una bailaora encima del escenario y de la vida, con sus cuitas y sus avatares, con su destreza técnica y su compás para el baile, con su género y su sexo remarcados, con su temperamento y su cuerpo dolido de requiebros y quebrantos.

De hecho esta es una obra contra la historia, contra el historicismo convertido en una constante que achata el flamenco. Y es quizás la obra más política de Israel Galván. No una política hecha de palabrería ideológica: que sí Andalucía, que sí la salud y la libertad, etc. Se trata de ver como la actitud física de los cuerpos trasmiten revoluciones, resistencias y rebeldías. Gestos complejos donde conviven a la vez la delincuencia del bandolero con la lucha terrorista, la reclamación de pan para los nuestros con el escaqueo del trabajo, las pintadas contra la monarquía con las galas de televisión, los avatares locos del amor fou con la violencia de género.

Acabar con un estereotipo, el de la mujer que desafía a todos aunque le cueste la muerte. Borrar del todo esa exclamación final de Don José –“¡sí, a mi adorada, yo la he matado, la he matado yo!”-que tanto fascinó a Nietzsche. La mujer fatal. La vagina dentata. Un tipo que si bien históricamente contribuyó en gran medida a liberarnos, al día de hoy se dibuja como un factor fatal de opresión. Quizás estamos ante un exorcismo. Pues se trata de eso, de quitarse un muerto de encima, de eso se trata.
Pedro G. Romero

Fotografías ©Luís Castilla

Estreno: 16 septiembre 2006 en el Teatro Central de Sevilla
dentro de la XIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Duración: 80 minutos

La Francesa
Cinco Coreografías de Israel Galván para Pastora Galván

Con
Pastora Galván: baile
Pedro Sierra: dirección musical y guitarra
Miguel Iglesias: guitarra
David Lagos: cante
Juan José Amador: cante
José Manuel Vaquero “El Pájaro”: acordeón y zanfoña
Álvaro Ramos: contrabajo
José Carrasco: cajón, djembé y tablas
Manuel Vergne: xilofón y otras percusiones

EQUIPO TÉCNICO

Dirección del proyecto: Máquina P.H.
Dirección coreográfica: Israel Galván
Dirección artística: Pedro G. Romero
Guión Musical: Máquina PH e Israel Galván
Producción: A Negro Producciones
Dirección escénica: Belén Candil
Iluminación: Ada Bonadei (Vancram)
Sonido: Félix Vázquez
Regiduría: Balbina Parra
Vestuario: Soledad Molina para Mangas Verdes
Repetidor de Coreografía: Marco de Ana

Distribución internacional exclusiva (fuera de España)
Carole Fierz - carole.fierz@free.fr
T: + 33 (0)6 80 61 94 15

Fotografías ©Daniel Muñoz



 
 
 

 

 








 
 

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