En Córdoba y sin padrinos
"Rajá" de Fernando
Pastora Galván, Ciclo Flamenco Viene del Sur. Teatro Central - Sevilla.
Pastora Galván y Antonio Fernández
Pastora Galván/Dos de cante Sólida madurez de Pastora Galván
Pastora caracolea
"Los veranos del Corral" Arranque de la muestra con buen pie
Futuro Flamenco
Haz el amor y la guerra
La Petite Francesa
La necesidad de crear un futuro
La bailaora Pastora Galván llena el Teatro Al Gumhuriya de El cairo
Pastora Galván. Sala La Compañía
Pastora Galván. Pastora
Una oda al baile por bulerías

(autor: Juan Vergillos   fuente: Diario de Sevilla 01/02/2008)
Haz el amor y la guerra

Les dije en su momento que fue el espectáculo revelación de la Bienal 2006. El nacimiento de una estrella flamenca. Porque es Pastora quien pone el cuerpo. El concepto, la ironía y la parodia, a poco se hace universal, válido para todas las mujeres fatales y peleles que habitamos a ambos lados de los Pirineos, y no sólo para las leonas españolas inventadas por Mérimée, Bizet, Louis y compañía. La coreografía es efectiva, radical y cercana. Pero quien pone el cuerpo es Pastora. Y esa es la gracia de este espectáculo. Es una obra física, muy exigente, y muy agradecida en consecuencia, para su intérprete, que descubrió nuevas posibilidades, se descubrió como artista, es decir como persona, con La francesa. Pura alegría y pura energía. Calor y fuerza. La música está a la altura, con Pedro Sierra en su mejor estado de forma. Y el pastiche, las citas de culto, desde Ravel hasta Benito Lertxundi, pasando por Edith Piaf o El Francés (afortunadamente el guión no nos ha querido obviar ningún tópico).
Un tour de force, una coreográfia de casi una hora y media, en la que Pastora Galván se rompe por dentro y por fuera para mostrar el alma de las mujeres desalmadas. La verdad carnal y dolorida, bata de cola que encadena y que libera palpitante y fálica. Otras citas de culto han caído por el camino, tal vez por la necesidad de adaptarse al limitado espacio escénico de la sala: el cabezazo de Zidane a Materazzi y la decapitación final con el telón de guillotina.
No es un espectáculo redondo en su puesta en escena. Es mejor que eso: una obra viva, de una mujer que respira, sufre, goza, tiraniza y ruega, exige, toma y sin pedir, hace el amor y la guerra. Y todo eso ocurre en un escenario.


 
 

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