En Córdoba y sin padrinos
"Rajá" de Fernando
Pastora Galván, Ciclo Flamenco Viene del Sur. Teatro Central - Sevilla.
Pastora Galván y Antonio Fernández
Pastora Galván/Dos de cante Sólida madurez de Pastora Galván
Pastora caracolea
"Los veranos del Corral" Arranque de la muestra con buen pie
Futuro Flamenco
Haz el amor y la guerra
La Petite Francesa
La necesidad de crear un futuro
La bailaora Pastora Galván llena el Teatro Al Gumhuriya de El cairo
Pastora Galván. Sala La Compañía
Pastora Galván. Pastora
Una oda al baile por bulerías
(autor: Juan Vergillos
fuente: )
Pastora Galván/Dos de cante Sólida madurez de Pastora Galván
Existe una manera oriental de decir el llamado cante de levante. Sus grandes creadores y confuiguradores, Chacón, El Mellizo, son en buena medida, aunque enciclopédicos, oriundos de lo que hasta no hace mucho se llamaba Andalucía la baja. Sin embargo, será por el poso que aún queda de aquello de lo que partieron esos creadores para hacer sus cantes, los fandangos tradicionales, intimistas y sentimentales, que existe una forma oriental de hacer la granaína de Chacón y las malagueñas, en este caso del Mellizo, que es como se abrió la noche. Por levante.
Dos de cante, dos de Granada. Antonio Fernández de voz serena y muy afinada, íntima, blanca, que sobre el escenario parecía tan frégil que en cualquier momento se podía quebrar. Pero no lo hizo, ni en los pasajes más enrevesados de la medi granaína en la forma efectista que le diera Manuel Vallejo. La malagueña correspondió a Fernando Rodríguez, una voz rota, cruda, severa y oscura, que a pesar de su corto registro, recorre toda la escala de los estados de ánimo, desde la dulzura al grito, en un solo tercio.
Los mano a mano, los cantes a desafío, nos parecen recursos propios de otra época, la llamada ópera flamenca, en general ajenos al espíritu individualista, anárquico a veces, de este arte. Por eso, a pesar de tratarse de un cante tan melódico como la vidalita de Marchena, cercano a la canción, nos extrañó el procedimiento. Más eficaz pareció en los fandangos de Huelva, donde se limitó al estribillo morentiano, y donde los intérpretes desplegaron un amplio y colorido abanico melódico.
Solemnes en la rara soleá a dúo (¿hay cante más individual que éste? Acaso la seguiriya) que remataron en una subida rítmica por ¡Debla de Tomás Pavón!
pastora Galván abrió su recital por tarantos. Tensos, dramáticos, fieles a la rigurosa estética familiar, aunque muy variados en la figuras, como el resto de los números de la noche. Segura y sensual la bailaora en los tangos, como festiva y enjundiosa en los cantos de boda, alboreá, con un punto de clasicismo, donde también sonó el romance cuño mairenista.
Un baile rígido geométrico, aristoso (¿una ciencia exacta?), no exento de ternura en algunos pasajes, también en la seguiriya, solemne, sobria, y su desasosegante final que nos deja el alma en vilo en la punta de sus dedos. Busca la línea recta, el ángulo de noventa grados, los perfiles duros. El equilibrio de todos los elementos de la danza. Madurez de Pastora Galván.
Contenido y solvente el grupo, con un José Anillo vibrante en el solo de cante por alegrías. Juan José Amador también tuvo espacio para el lucimiento de su poderosa voz en las tonás. Fin de fiesta por bulerías con pataíta a cargo de José Galván y del propio Amador.
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