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Pastora Galván. Pastora
Una oda al baile por bulerías

(autor: Fran Pereira   fuente: Diario de Jerez 11/03/2009)
Una oda al baile por bulerías

Pastora Galván es un diamante en bruto, una piedra preciosa de un valor incalculable (al menos eso es lo que parece desde fuera cuando se le ve bracear y moverse por el escenario), pero a la que se debe ir puliendo. No por nada sino porque de sus movimientos y sus inquietudes sobre el escenario se desprende que no sabe lo que quiere, que está atrapada en un proceso de búsqueda interior para el que todavía no ha encontrado un camino adecuado. Sólo ella será capaz de hacerlo. ¿El tiempo? Cuestión de paciencia. Pero mientras tanto no lo supere su baile no será el que debe, porque condiciones y alma en cada cosa que hace no le faltan.

La sevillana presentaba el pasado lunes en Sala Compañía su último montaje 'Pastora', un espectáculo sin hilo argumental, sencillo, sin barroquismos ni ataduras absurdas que le impidan deambular por el escenario y sobre todo muy flamenco, exento de chismes y moderneces. Sus ideas frescas se palpan desde el primer momento lo que demuestra que su talento está ahí, intacto aunque quizás ebulla de una manera descontrolada, una circunstancia que a veces no le favorece. Pausarlo y darle un cauce sería lo idóneo para madurar.

Sin apenas tiempo para acomodarse, la bailaora aportó el primer fogonazo de la noche. Fue recién salida a escena. Lo hizo bailando por bulerías. Su baile nos retrotrae en el tiempo, parece que todo ha envejecido y que por instantes vemos a una anciana marcándose una pataíta de gracia, de ángel, de esa de la que ya no se ven o si quieres verla tienes que rebuscar en determinados barrios o simplemente en un vídeo de aquel mítico Rito y Geografía del cante. ¡Qué manera de bailar por bulerías! Descalza y sin tapujos, Pastora desmonta los tópicos por derecho, en el sitio y con un sentido del compás extraordinario. Una virguería.

Con una introducción de tal calibre los mejores augurios se pronosticaban entre el público que llenaba la sala (donde ayer nuevamente colgó el cartel de 'no hay billetes'). Sin embargo, las dudas se apoderaron de la joven artista al poco tiempo, en la seguiriya que precede al cante por soleá de David Lagos, como siempre correcto.

Ahí perdió la identidad, y sus aportaciones se confundieron entre el baile más racial y pinceladas que se asemejan mucho a Israel Galván. Demasiados ángulos rectos e incompatibilidades que deslucieron el baile.

Mejor se le vio por alegrías. Su fuerza y temperamento eclipsaron cualquier duda ejecutando pasos ardientes, continuos y con una majestuosidad importante. Fue de los pocos momentos en los que se pudo ver a la verdadera Pastora. Ella misma, sin dudas, ni ideas encontradas.

Los altibajos del espectáculo prosiguieron en los tangos, donde pese a mantenerse en la misma línea de discontinuidad dejó constancia de su braceo, sensual y femenino a todas luces. La inclusión en la escena de Bobote (artífice de los mismos pues son unos tangos que canta su suegra), que se marcó una pataíta a compás, la dotaron de un sello propio.

El último destello de talento sucedió al final. Las cortinas de la sala se descorrieron tras los aplausos para ver cantiñear a Pastora Galván, que dicho sea de paso, se defiende bien. Con una voz dulce, por bulerías y con Bobote al baile, su actor principal, ambos abandonaron el escenario con hechuras. Un final de arte.

 
 

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